Las posturas de yoga, o asanas en sánscrito, se parecen a movimientos de gimnasia, se aguantan más o menos tiempo, y aportan beneficios similares a los ejercicios de gimnasia. Tonifican, fortalecen, flexibilizan, desarrollan el core, el equilibrio, mejoran la postura general del cuerpo, mantienen la espalda sana y trabajan todo el cuerpo sin agresividad ni movimientos violentos.

Pero si fuera gimnasia, no sería yoga, no tendría esta magia que nos sienta bien.

¿Dónde está la espiritualidad en una postura de yoga?

Explico en mi libro ‘Mi Diario de Yoga’:

En los Yoga sutras, el maestro Patanjali define las asanas como sthira sukham asanam, es decir, estables y cómodas a la vez. Durante las posturas de yoga uno debe intentar estar física y mentalmente estable y firme, manteniendo una postura agradable. Sin estos dos componentes una postura no es una asana. No deberías sentir dolor en una sana, un estiramiento fuerte sí, pero dolor no.

El maestro de yoga B.K.S. Iyengar dice: «Cuando la postura no es correcta uno se cansa. Por eso la gente se cansa cuando empieza a aprender yoga». Es recomendable, pues, investigar el cuerpo en cada postura para encontrar la alineación correcta que la haga cómoda y estable.

En yoga puedes salir de tu zona de confort, pero no superar unos límites que tu cuerpo no puede aguantar con el riesgo de hacerte daño.

La respuesta de Dharma Mittra

El maestro de yoga Dharma Mittra con quien he estudiado en Nueva York, dice: “Mueve las articulaciones un poco cada día. Debes encontrar tus propios trucos. Entierra tu mente profundamente en tu corazón, y observa el cuerpo moviéndose por sí solo.”

Esto significa que el cuerpo es sabio y que hay que escucharlo. A veces es nuestra mente competitiva y el ego que nos hace empujar el cuerpo en unos terrenos peligrosos. Hacerse daño va en contra de Ahimsa, uno de los principios básicos del yoga  (1er yama de los 8 pasos de ashtanga yoga de Patanjali, si no sabes de qué hablo no importa). Porque Ahimsa significa no-violencia, hacia los demás y hacia sí mismo. Hacer una postura que no deberías o practicar fuerte cuando tu cuerpo es débil o cansado es un acto de violencia hacia si mismo.

Asana es el 3er paso de los 8 del ashtanga yoga de Patanjali (otra vez hago referencia a los Sutras de Patanjali, también lo comento en un post anterior) para a la realización o estado de paz infinita. Aunque no buscas ser un iluminado, si haces yoga y praticas asanas, quiere decir que estas en un camino espiritual y las asanas te ayudan a avanzar en el proceso.

 

 

Dharma Mittra explica en su libro ‘Life of a Yogi’ que en un nivel sutil cada postura nos permite explorar un estado de conciencia plena cuando conseguimos realizar y habitar la postura completa. Entonces la asana no es solo una herramienta para fortalecer, tonificar o estirar el contenedor físico del cuerpo, sino que pasa a ser un acceso a la super-conciencia.

Espero que esta visión de la asana te permitirá practicar de otra manera, con conciencia, viendo más allá de lo que refleja el espejo. Cuando empieces a verlo desde dentro, tu práctica ya no será la misma y los beneficios mentales se multiplicarán.

Un “simple” guerrero o cualquier postura que dominas al nivel físico, por el equilibrio, la fuerza o la flexibilidad, aporta mucho más que lo que imaginas al mirar una foto de la postura.

¿Ya lo habías notado? ¿Eres muy presente en cada asana o lo vives como un ejercicio saludable sin más? No busques la respuesta inmediata al nivel intelectual, práctica con el corazón abierto y quizás te sorprenderás a ti misma.

Te deseo una buena práctica espiritual de asanas.

Foto de portada: Lara Arnott