Hay temporadas en que el yoga fluye solo. Te levantas con ganas, abres la esterilla, y la práctica ocurre. Y hay otras temporadas en que todo pesa más — el cansancio, la agenda, la sensación de que no avanzas. La motivación se escurre sin avisar.
A mí me pasa también. Y después de más de veinte años practicando y enseñando yoga, lo que he aprendido es que la solución no está en esperar a que vuelvan las ganas. Está en entender qué sostiene la práctica cuando las ganas no están.
La filosofía del yoga tiene herramientas muy precisas para esto. No son trucos de productividad — son conceptos que llevan siglos ayudando a los practicantes a mantenerse en el camino.
Qué es la motivación en el yoga
La motivación es aquello que nos lleva a seguir, a actuar, a mantener el impulso. Es la causa del movimiento — depende del interés, de la voluntad, del deseo de lograr algo que de verdad importa.
El primer paso para cultivar la motivación es encontrar y recordar continuamente el motivo: por qué practicas yoga, qué te llevó a empezar. Volver a ese origen es importante para sentir la transformación, para ver el camino recorrido y recuperar el impulso. El objetivo podría ser mantener la salud, reducir el estrés, conectar con uno mismo, encontrar calma interior. Lo que sea que sea tuyo — genuinamente tuyo.
Pero la motivación fluctúa. Surgen dudas, pereza, excusas, temporadas en que otras cosas ocupan más espacio. Nos pasa a todos. Y está bien saberlo — no para resignarse, sino para tener herramientas preparadas antes de que ocurra.
Tapas: la disciplina que no es autotortura
Tapas es el tercer Niyama de los ocho pasos del yoga descritos por Patanjali. Se traduce habitualmente como disciplina, pero es mucho más que eso: es la pasión, el coraje, el fuego interno que nos ayuda a quemar impurezas físicas, mentales y emocionales. Tapas elimina los obstáculos que impiden cumplir un propósito genuino.
El compromiso, las decisiones y acciones que tomamos para la práctica — ya sea de asana o de meditación — es tapas. Despierta nuestro fuego interno y la pasión con la que actuamos.
Pero como dijo Swami Satchidananda: tapas es autodisciplina, no autotortura. Es importante recordarlo para no forzarnos hasta romper. La disciplina nos ayuda a establecer el camino y a cultivar la motivación cuando se pierde — pero desde el cuidado, no desde la exigencia.
Algunas herramientas para despertar tapas: el Ujjayi pranayama, el Kapalabhati o el Surya Namaskar.

Sadhana: la práctica constante como ancla
En el camino del yoga llega un momento en que es necesario crear una Sadhana propia: la práctica espiritual personal y constante. En la Sadhana encontramos el ancla — lo que nos mantiene con determinación independientemente del estado de ánimo. No se trata de tener ganas o no. Se trata de hacerlo. Es un compromiso con el propio camino.
Hacer yoga cada día puede ser tu Sadhana. Y no tiene por qué ser una clase de sesenta minutos — puede ser una meditación breve, dos saludos al sol, un ejercicio de pranayama o la recitación de un mantra. Lo que importa es la constancia.
A través de la repetición, la rutina se convierte en hábito y se instala en la vida. Como dice el maestro de Dharma yoga Andrei Ram: “En el camino del yoga el secreto es la práctica constante, porque al final no hay nada nuevo. Los mismos principios y las mismas técnicas practicados una y otra vez, hasta ser totalmente dominados, y con ese dominio ocurre la autorrealización.”
Swami Vivekananda añade: “La práctica queda firmemente establecida a través de continuos y constantes esfuerzos hechos con gran amor.” Es decir, con fuerza de voluntad pero sin sufrimiento — como un acto de amor propio.
Sankalpa: la intención más profunda
El Sankalpa es la intención más elevada del corazón. Es la semilla que plantamos para cuidar, cultivar y realizar — que nace de la conexión con nosotros mismos y nos da una dirección firme.
A través del Sankalpa, podemos recordar nuestra motivación más profunda, nuestro propósito más allá de las metas superficiales. No proviene del ego ni de las necesidades inmediatas — conecta con el sentido de nuestra vida y de nuestra práctica. Es una herramienta de transformación muy poderosa cuando se usa con coherencia.
Como dice Joe Dispenza, investigador especializado en neurociencia y biología celular: “Cuando nuestra conducta coincide con nuestras intenciones, cuando nuestras acciones están de acuerdo con nuestros pensamientos, cuando la mente y el cuerpo actúan juntos, detrás de nosotros hay un poder inmenso.”
Salir de la zona de confort
Después de entender estas herramientas, queda lo más difícil: actuar. El conocimiento no es suficiente — hay que practicarlo, aunque sea con pasos pequeños.
Salir de la zona de confort implica tomar decisiones, asumir riesgos, transitar miedos e incomodidades. Pero eso es exactamente donde ocurre la transformación. Como dice Tony Robbins: “No es solo lo que hacemos de vez en cuando lo que da forma a nuestras vidas, sino lo que hacemos de forma consistente.”
Celebrar los avances — por pequeños que sean — es parte de sostener la motivación. El camino no es lineal, y reconocer cada paso ayuda a seguir.
Una historia que me gusta recordar en este punto es la del halcón que no podía volar. Un rey recibió dos pichones de halcón. Uno aprendió a volar rápido. El otro nunca se movió de la rama. Nadie sabía qué hacer con él — hasta que un campesino cortó la rama. El halcón, sin su apoyo, descubrió que tenía alas y echó a volar.
A veces necesitamos que nos corten la rama — no las alas.
El Sutra 2.1: motivación como práctica espiritual
Patanjali lo resume con precisión en el Sutra 2.1:
Tapas svadhyayesvara-pranidhanani kriya-yogah
La autodisciplina (tapas), el estudio de uno mismo (svadhyaya) y la entrega a algo más grande que el ego (Ishvaraprandhana) constituyen el Yoga de la Acción. Sin determinación, la práctica no puede realizarse. Y sin práctica, no hay descubrimiento.
La motivación, en definitiva, puede servirnos para vivir la práctica — y la vida — con sentido. Cuando lo encontramos y somos coherentes con él, con nuestro dharma, nos sentimos en el camino.
Namasté
Xuan Lan es instructora de yoga y meditación mindfulness. Tiene formación en Vinyasa (200 h), Jivamukti (75 h), Dharma yoga (200 h), Intensivo de Ashtanga (50 h) y Yoga para trauma (20 h). Además, también ha estudiado Gestión del estrés y Regulación Emocional con Mindfulness en la UOC (Universidad Oberta de Catalunya).
Es autora de 3 libros: "Mi diario de yoga", "Yoga para mi bienestar" y "La buena hija vietnamita".


Me ha dejado muy claro el camino a seguir. Me gusta tener estructuras que me hacen progresar y hoy me encuentro un poco “estancada”, sin embargo Dios es bueno y me ha puesto en tu camino para aprender mas. Asi es que ahi voy, paso a paso. Muchas gracias.