Prana vayus: los vientos que nos habitan

01-09-2026
Prana vayus: los vientos que nos habitan

Los prana vayus (o prāṇa vāyus) son, según el yoga clásico, los cinco movimientos principales de la energía vital dentro del cuerpo: prāṇa (recibir), apāna (soltar), samāna (digerir), vyāna (hacer circular) y udāna (expresar). Los textos medievales de Haṭha Yoga los describen como “vientos” que sostienen funciones tan distintas como la respiración, la digestión o la voz, y que se pueden trabajar de forma consciente a través del prāṇāyāma.

“Inhala y Dios se acerca. Mantén la respiración y Dios permanece contigo. Exhala y tú te acercas a Dios. Mantén la exhalación y entrégate a Dios.”

— T. Krishnamacharya

Suele decirse que somos lo que comemos, pero quizá también somos como respiramos. Respiramos como nos sentimos, nos sentimos como pensamos y pensamos como respiramos. Mira a tu alrededor. Todo se mueve. Mira un árbol y observa cómo el viento mece sus hojas. Mira el cielo y contempla las nubes transformándose. Voltea hacia ti y siente el flujo de las emociones recorriéndote. Siente también el espacio que te rodea y te sostiene. Todo parece mecido por una fuerza invisible.

El cuerpo y sus procesos también están en sintonía con ese movimiento. La respiración se acelera, se detiene, se vuelve superficial, se expande. Acompaña el miedo, el deseo, el sueño, el esfuerzo, el placer y el pensamiento.

Eso me hace pensar que por eso las tradiciones de yoga le concedieron un lugar tan importante. En textos antiquísimos ya encontramos la idea de que, entre todas las funciones vitales, existe una que sostiene a las demás. La Kauṣītaki Upaniṣad lo expresa de una manera especialmente hermosa:

«Se sigue viviendo cuando se pierde el habla, pues ahí están los mudos. Se sigue viviendo cuando se pierde la vista, pues ahí están los ciegos. Se sigue viviendo cuando se pierde el oído, pues ahí están los sordos […] Sin embargo, sólo el aliento vital, el ātman que es la consciencia, al colmar este cuerpo, lo hace erguirse».

— Kauṣītaki Upaniṣad 3.3

Se puede perder el habla y continuar viviendo. Se puede perder la vista, el oído, incluso una parte del cuerpo. Pero cuando el aliento vital abandona el cuerpo, la vida termina. A ese aliento los textos llaman prāṇa.

El aliento vital

La palabra prāṇa está formada por el prefijo pra- y la raíz verbal √an, “respirar”. Su significado más inmediato es el de aliento, respiración vital, aquello que mantiene con vida.

Prāṇa nunca fue solo el aire que entra y sale de los pulmones, sino más bien una manera de hablar de esa fuerza que anima al cuerpo y atraviesa la existencia. El aliento que nos sostiene desde la primera bocanada de aire cuando nacemos hasta el último suspiro al abandonar el cuerpo.

Iyengar lo describió como una energía que impregna la existencia en distintos niveles: físico, mental, intelectual, sexual y cósmico. Para él, incluso las distintas fuerzas que observamos en la naturaleza podían comprenderse como expresiones de prāṇa. Es una imagen enorme: la misma fuerza que mueve el mundo se mueve también dentro del cuerpo.

Es una de las intuiciones más bellas del yoga. No pensar el cuerpo como algo separado del mundo, sino como una pequeña geografía atravesada por sus mismos movimientos. Una cosmología corporal.

Una geografía de vientos

Los sabios yoguis imaginaron prāṇa moviéndose dentro del cuerpo de distintas maneras. A estos movimientos los llamaron vāyus, literalmente, “vientos”. Sumergirse en el misterio del cuerpo es observar sus movimientos naturales, intentar decodificarlos y maravillarse al descubrir la belleza de lo esencial: respirar, recibir, digerir, eliminar, circular, hablar, moverse. Acciones cotidianas que pasan desapercibidas, pero que sostienen, instante a instante, la experiencia de estar vivos.

En textos medievales de Haṭha Yoga se habla de diez vāyus: cinco considerados principales y otros cinco secundarios. Los cinco principales son prāṇa, apāna, samāna, vyāna y udāna.

Los vāyus están además íntimamente interrelacionados con los bandhas, las nāḍīs, los chakras, los koshas y otras cartografías del cuerpo yóguico. Poco a poco forman una compleja cosmología corporal que intenta dar orden y sentido al misterio de nuestra existencia.

Prāṇa Vāyu

Prāṇa vāyu trabaja con nuestra capacidad de recibir.

Tradicionalmente, prāṇa vāyu se ubica en la región torácica y se asocia con las funciones respiratorias, pero también con todo aquello que entra en contacto con nosotros y puede nutrirnos: el aire, los alimentos, los estímulos, las experiencias, las imágenes, las ideas y lo que percibimos a través de los sentidos. Recibir, entonces, también puede entenderse como una práctica: abrir espacio, dejarnos tocar por lo que llega, reconocer qué queremos incorporar a nuestra vida y aprender a aceptar apoyo, afecto o nuevas ideas sin cerrarnos de inmediato. No todo lo que entra nos nutre, por eso prāṇa también es una invitación a observar qué estamos dejando entrar constantemente, qué vemos, qué escuchamos, qué comemos, qué conversaciones sostenemos y qué pensamientos repetimos. La respiración puede convertirse así en una imagen del intercambio permanente entre nosotros y el mundo: el afuera entra y, por un instante, se vuelve parte de nosotros.

¿De qué me nutro? 

Apāna Vāyu

Apāna nos habla de soltar.

Su movimiento es descendente y tradicionalmente se sitúa en la parte baja del abdomen y la pelvis, donde se relaciona con procesos de eliminación como el movimiento intestinal, la evacuación, la orina, la menstruación, la eyaculación y el parto: todo aquello que el cuerpo necesita expulsar. A veces pensamos en la vitalidad solo como aquello que adquirimos, comer mejor, respirar más, aprender más, acumular experiencias, pero la vida también necesita vaciarse. Apāna nos invita a reconocer cuándo algo ha dejado de nutrirnos y empieza a pesar, a dejar de aferrarnos, perder el miedo a vaciarnos y confiar también en aquello que termina. El cuerpo lo sabe bien: retener indefinidamente aquello que necesita salir termina por alterar su equilibrio, como agua estancada. Quizá con algunas experiencias ocurra algo parecido; hay cosas que necesitan quedarse el tiempo suficiente para ser comprendidas y otras que, simplemente, necesitan encontrar un desenlace.

¿Qué ya cumplió su ciclo en mí? 

Samāna es el vāyu igualador.

Sama significa “igual, equilibrado, uniforme”. Su territorio tradicional se encuentra alrededor del ombligo y está estrechamente relacionado con la digestión, la asimilación y el fuego interno.

Recibimos algo del exterior, pero todavía falta transformarlo: el alimento tiene que convertirse en cuerpo, una experiencia en memoria y una idea necesita tiempo antes de convertirse en comprensión. Samāna nos habla precisamente de eso, de digerir, discernir y asimilar; de aprender a distinguir entre lo útil y lo que sobra, darle tiempo a que las cosas decanten para que encuentren su lugar y hacer nuestra una experiencia hasta descubrir qué puede nutrir dentro de nosotros. En algunas tradiciones se describe a samāna como aquello que equilibra o reúne prāṇa y apāna, las fuerzas que reciben y las que eliminan. Entre recibir y soltar aparece entonces un tercer gesto: transformar. Quizá por eso el fuego digestivo fue una imagen tan importante para el yoga: no basta con acumular experiencias, también necesitamos metabolizarlas.

¿Qué necesito digerir para poder avanzar?

Vyāna Vāyu

Vyāna nos habla de cuando las cosas fluyen.

Está presente por todo el cuerpo y tradicionalmente se asocia con la distribución y la circulación, con el movimiento de los líquidos, la nutrición de los tejidos, el sistema nervioso y el pulso del corazón. Es aquello que permite que lo recibido y transformado llegue a donde tiene que llegar. El prefijo vi- puede expresar separación, extensión o distribución, por eso vyāna puede entenderse como el aliento que se distribuye y circula. La sangre circula, los impulsos nerviosos viajan, la respiración moviliza el cuerpo y una parte responde a otra: nada funciona completamente aislado. Vyāna nos habla de esos momentos en los que existe coordinación y continuidad entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, cuando la energía no permanece encerrada en un solo lugar y puede extenderse hacia la periferia. También nos invita a observar dónde las cosas fluyen con libertad y dónde se interrumpen, dónde nos hemos estancado y qué hábitos, movimientos, relaciones o prácticas necesitamos para volver a poner algo en circulación. Muchas veces no necesitamos recibir nada nuevo, sino permitir que lo que ya está dentro encuentre por dónde moverse.

¿Cómo puedo llevar lo que cultivo dentro de mí hacia lo que me rodea? 

Udāna Vāyu

Udāna vāyu nos habla de expresar.

El prefijo ud- significa “arriba, hacia arriba”, por eso udāna puede entenderse como el aliento ascendente. Tradicionalmente se relaciona con la garganta, el habla y el movimiento. En distintas fuentes también aparece vinculado con la expresión, la voz y, en el momento de la muerte, con el movimiento mediante el cual la consciencia abandona el cuerpo.

Con udāna ponemos la energía en dirección: nos expresamos, hablamos, proyectamos y damos forma a aquello que se ha gestado dentro. Después de recibir, eliminar, digerir y hacer circular, algo puede finalmente encontrar una voz. Su movimiento ascendente podemos asociarlo como la capacidad de levantarnos, avanzar, tomar impulso y orientar nuestra energía hacia una intención. Udāna nos invita a preguntarnos qué hacemos con todo aquello que hemos elaborado dentro, cómo lo convertimos en palabra, decisión, gesto o acción. La voz también es movimiento: algo que estaba adentro atraviesa el cuerpo, llega a la garganta y finalmente entra en el mundo.

¿Hacia dónde quiero crecer?  

La alquimia del cuerpo

Los manuales medievales de Haṭha Yoga hablan una y otra vez de reunir prāṇa y apāna, de invertir movimientos, retener el aliento, dirigirlo hacia determinados espacios del cuerpo. Hay algo profundamente alquímico en esa búsqueda, manipular el aliento para transformar la experiencia. Pero también hay algo muy cotidiano; aprender cuándo recibir y cuándo dejar ir. Saber qué merece quedarse. Darle tiempo a aquello que todavía estamos digiriendo. Permitir que las cosas circulen. Encontrar finalmente una dirección.

Las técnicas de prāṇāyāma nacen precisamente de esa fascinación por la relación entre respiración, energía y consciencia. Respirar deja de ser únicamente una función automática y se convierte en un territorio de exploración sagrada, una manera de intervenir en el ritmo, sostener la vitalidad y experimentar en el propio cuerpo esa fuerza invisible que mueve las hojas, transforma las nubes y nos atraviesa también a nosotros.

Creo que los vāyus al final nos hablan de dejar ir, saber sostener, aprender a digerir, entender cómo expresar e intuir cómo fluir.

Preguntas frecuentes sobre los prāṇa vāyus

¿Qué son los vāyus en el yoga?

Los vāyus son, según las tradiciones de yoga, los distintos movimientos de prāṇa (el aliento vital) dentro del cuerpo. La palabra significa literalmente “vientos” y describe cómo la energía vital se mueve de forma diferente según la función que cumple: respirar, digerir, eliminar, circular o expresar.

¿Cuántos vāyus principales hay?

Los textos medievales de Haṭha Yoga hablan de diez vāyus en total, cinco principales y cinco secundarios. Los cinco principales son prāṇa, apāna, samāna, vyāna y udāna, cada uno asociado a una región del cuerpo y a una función vital distinta.

¿Cuál es la diferencia entre prāṇa y vāyu?

Prāṇa es el aliento vital, la fuerza que anima al cuerpo y sostiene la existencia. Vāyu es cada uno de los movimientos concretos que adopta esa fuerza dentro del cuerpo. Prāṇa es la energía; los vāyus son sus direcciones y funciones.

¿Cómo se trabajan los vāyus en la práctica?

Se trabajan principalmente a través de la observación consciente de la respiración y de técnicas de prāṇāyāma, que permiten dirigir el aliento hacia distintas regiones del cuerpo. También se relacionan con los bandhas y con la atención puesta en funciones cotidianas como recibir, soltar, digerir o expresar.

¿Qué relación hay entre los vāyus y el prāṇāyāma?

El prāṇāyāma nace precisamente de la fascinación yóguica por la relación entre respiración, energía y consciencia. Es la disciplina que permite intervenir de forma voluntaria sobre los vāyus, retener el aliento, dirigirlo y equilibrar sus movimientos dentro del cuerpo.

 

Arturo Tierra

Arturo Tierra es un profesor de yoga con más de 10 años de experiencia, especializado en vinyasa con enfoque tántrico. Ha impartido clases y talleres en Estados Unidos, México, Chile y España. Formado en el Sistema Mandala Vinyasa y en estilos como Dharma y Rocket, también ha estudiado en el Oxford Centre for Hindu Studies y la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Además, cuenta con certificaciones en Mindfulness y Psicología Transpersonal.

Arturo combina su pasión por el yoga con las artes, ha expuesto su trabajo en Chile y México, y es un defensor del yoga como camino hacia una vida equilibrada y consciente.

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