La motivación aparece en los gestos más simples. Cuando mueves el cuerpo y notas que algo se abre. Cuando terminas una tarea que llevabas días posponiendo. Cuando dedicas tiempo a algo que te conecta contigo. Esa energía interna es lo que nos mantiene en movimiento.
El problema es que también desaparece. Y cuando lo hace, la mayoría de nosotras vamos a buscarla fuera: una meta nueva, un reto, validación externa. Funciona un tiempo. Y luego vuelve a desvanecerse.
El yoga propone otra vía. Mirar hacia adentro.
Por qué la motivación se pierde
La motivación es poderosa y frágil a la vez. Sentimos una gran inspiración para cuidarnos, empezar un hábito, dedicar tiempo a la práctica — y a los pocos días la inercia y las obligaciones lo devoran todo.
Esto ocurre porque la motivación que viene de fuera — metas, resultados, comparaciones — es volátil por naturaleza. Depende del entorno, del estado de ánimo, de que las cosas salgan como esperábamos. En cuanto algo falla, el impulso se rompe.
La motivación que viene de dentro es otra cosa. Está anclada en los valores, en el propósito, en el bienestar propio. Y esa no desaparece igual — porque no depende de factores externos para sostenerse.
Dharma: conectar con lo que de verdad te mueve
En yoga llamamos Dharma al propósito de vida que da sentido a lo que hacemos. No es un objetivo concreto — es la dirección desde la que actúas. Esa pregunta que vale la pena hacerse: ¿para qué hago lo que hago?
Cuando la práctica de yoga está conectada al Dharma — al cuidado real de uno mismo, al deseo de vivir con más presencia, al compromiso con el propio bienestar — la motivación no depende de si tenemos ganas ese día. Hay algo más profundo que sostiene la acción.
Si quieres explorar más sobre el propósito y el sentido de la práctica, el artículo sobre motivación en el yoga desarrolla estas ideas desde la filosofía yogui con más detalle.
Tapas: la autodisciplina como acto de amor
Uno de los conceptos que más me ayuda cuando la motivación flaquea es Tapas — uno de los Niyamas del yoga. Se traduce como disciplina, pero en realidad es el fuego interno, la determinación que nos mantiene en el camino incluso cuando no apetece.
La clave de Tapas está en entenderlo como autocuidado, no como autoexigencia. Swami Satchidananda lo resume bien: tapas es autodisciplina, no autotortura. Sostener la práctica — aunque sea con diez minutos, aunque no sea perfecta — es también una forma de cuidarse. Si quieres profundizar en Tapas y la disciplina desde el yoga, tienes más en el artículo sobre constancia en el yoga.
Esa diferencia cambia todo. No es “tengo que hacer yoga”. Es “me cuido practicando yoga”. El mismo acto, desde un lugar completamente distinto.
Sangha: la motivación se alimenta del vínculo
Hay algo que ocurre cuando practicas en comunidad que no ocurre igual en solitario. El grupo sostiene, inspira, recuerda que no estás sola en el proceso. En el yoga llamamos Sangha a esa comunidad de práctica — un espacio de pertenencia que nutre la motivación de una forma que ninguna meta personal puede replicar.
Ver a otras personas en el camino, compartir el proceso, saber que hay un espacio que te espera — todo eso suma. No es un extra. Es parte de lo que hace que la práctica dure en el tiempo.
Shraddhā: la fe en el proceso
Hay momentos en que la motivación no está, y hay que actuar igual. No desde la obligación, sino desde algo más parecido a la confianza. En sánscrito lo llamamos Shraddhā: fe profunda en el proceso, aunque no veamos los resultados inmediatos.
Volver a la práctica después de un parón, retomar después de una semana difícil, seguir aunque no notes cambios — eso es Shraddhā. Es el mismo espíritu que está detrás del Sankalpa — esa intención profunda que nos recuerda por qué estamos en el camino. La convicción de que cada gesto de cuidado tiene valor, aunque no lo veamos reflejado hoy.
Volver a empezar también es un acto de valentía.
Cómo mantener la motivación en la práctica diaria
Más allá de los conceptos, hay cosas concretas que ayudan a sostener la motivación en el día a día:
Ancla la práctica a un porqué real. El artículo sobre yoga para principiantes tiene consejos muy concretos sobre cómo empezar y sostenerse. No “quiero estar en forma” — sino “quiero empezar el día con más calma” o “necesito un espacio que sea solo mío”. Cuanto más concreto y personal es el motivo, más resistente es cuando llegan los días difíciles.
Practica aunque no tengas ganas. Especialmente al principio. La motivación muchas veces llega después de empezar, no antes. Abre la esterilla, haz diez minutos. El resto suele venir solo.
Celebra los avances pequeños. No solo los grandes logros. Cada vez que practicas cuando no querías hacerlo, cada vez que vuelves después de un parón — eso merece reconocimiento.
Reformula cuando sea necesario. Si una práctica dejó de funcionar, cámbiala. La constancia no significa rigidez. Significa seguir encontrando la forma de volver.
Rodéate de quien también cuida. La motivación se contagia. Practicar con otras personas, compartir el proceso, sentirte parte de algo — todo eso suma de una forma que el esfuerzo individual no puede dar.
La motivación no es un estado, es una práctica
La motivación verdadera no es esa ráfaga de inspiración que aparece un lunes y desaparece el miércoles. Es algo que se cultiva — con presencia, con constancia, con compasión hacia una misma cuando las cosas no salen como esperábamos.
El yoga enseña exactamente eso: que la práctica no depende del día perfecto. Que volver siempre es posible. Y que cada vez que lo haces, el músculo de la motivación se fortalece un poco más.
Namasté
Xuan Lan es instructora de yoga y meditación mindfulness. Tiene formación en Vinyasa (200 h), Jivamukti (75 h), Dharma yoga (200 h), Intensivo de Ashtanga (50 h) y Yoga para trauma (20 h). Además, también ha estudiado Gestión del estrés y Regulación Emocional con Mindfulness en la UOC (Universidad Oberta de Catalunya).
Es autora de 3 libros: "Mi diario de yoga", "Yoga para mi bienestar" y "La buena hija vietnamita".


